Termina lo que empiezas

Una pequeña historia, reflejando la importancia de terminar los proyectos que emprendemos...

Junto a una lujosa mansión, en una pequeña cabaña, vivía un matrimonio de porteros. Su hijo, por falta de educación, se había desarrollado con dificultad. No era tonto, pero resolvía los problemas con lentitud y poca imaginación. Por el contrario, el hijo de la familia vecina, rica, habiendo tenido los mejores maestros de la comarca, era despierto, imaginativo y resolvía las dificultades con celeridad. 

Los dos niños solían jugar en los esplendorosos jardines. Un día se pelearon. El rico decidió retar al pobre a un duelo mortal. Cada cual atacaría al otro con una arma de su invención. Se dieron tres meses de plazo. 

El pudiente se encerró en sus laboratorios y con el conocimiento que había adquirido comenzó a fabricar un arma. Antes de terminarla, le pareció poco efectiva y buscó otra cosa. Planeó un aparato más destructivo aún. Antes de terminarlo, imaginó otro peor. Durante tres meses fue mejorando la capacidad mortal de sus inventos. Cuando terminó el plazo se encontró con un laboratorio lleno de armas terribles pero inconclusas. “¡De todas maneras las llevaré conmigo, y ese pobre, asustado de sólo verlas, pedirá perdón de rodillas!”. 

El encuentro fue en el jardín. El niño miserable, como no tenía laboratorios, ni instrucción ni gran imaginación, había pasado los tres meses encerrado con un saco de piedras. Horas y horas había estado practicando su puntería y desarrollando su fuerza. Le bastó una sola pedrada por aparato para destrozarlos todos. Le quedó una piedra que apuntó hacia la frente del niño rico. Este, entre sus sofisticados escombros, tuvo que arrodillarse y pedir perdón.

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