¿Qué son los sueños?

Mientras nuestra consciencia descansa cada noche, nuestra mente se encarga de generar un mundo mental interior al que llamamos SUEÑOS...
 
En determinadas culturas los sueños son interpretados como mensajes de los dioses. Los discípulos de Sigmund Freud los consideran como ventanas que dan a la mente inconsciente, reflejando a menudo nuestros deseos más ocultos. Algunos expertos opinan que los sueños constituyen un proceso a través del cual la mente elimina la “basura” emocional que se acumula durante el día.

Aunque la verdadera naturaleza de los sueños podría abrir un debate interminable, hay un aspecto perfectamente claro: pese a la expresión ausente en el rostro de un durmiente, el cerebro no se desconecta por la noche. En realidad, algunas regiones del cerebro se vuelven más activas, sobre todo durante la fase concreta del sueño.

Se considera a la vida de vigilia como un reflejo de nuestros sueños. En ellos el alma se alimenta, cobra fuerzas, reposa de sus afanes y se levanta todos los días con energía renovada. Se le otorga así a esas horas de reposo, a las cuales dedicamos la tercera parte de nuestras vidas, una finalidad vital y creadora.

Más aún en ese estado, el alma liberada del cuerpo entraba en diálogo con sus semejantes, en un nivel misterioso y desconocido, continuando en él nuestras relaciones de vigilia. El reposo, que parece ser una ley de la naturaleza, tanto para el reino animal como para el vegetal, ha llenado siempre de curiosidades a científicos, filósofos y poetas.

Son ya popularmente conocidas la aplicación, en el sueño, de ciertos métodos de aprendizaje, así como las técnicas de curación de trastornos mentales u orgánicos. El sueño tiene una función reparadora de las energías físicas y psíquicas gastadas durante la vigilia. Desde este punto de vista el sueño onírico tendría también una función protectora del reposo del sujeto.

Durante el dormir, el organismo elimina las sustancias tóxicas provenientes de la química que sostiene la actividad de las células nerviosas, que se acumulan durante la jornada.

La falta de sueño puede producir la muerte del sujeto. Incluso aquellas personas que sufren de insomnio, en realidad duermen por momentos, sin darse cuenta. Experimentos realizados con perros, por Pavlov, demostraron que la falta de reposo conduce inexorablemente al deterioro de las células nerviosas, que acaban por ocasionar la muerte del animal.

El estado de reposo produce una modificación cuantitativa en los procesos biológicos y fisiológicos. El pulso se vuelve más lento, la respiración más pausada, las paredes vasculares se relajan, la tensión arterial disminuye.

Neurológicamente, hay un predominio del sistema parasimpático sobre el simpático. Se inhiben zonas corticales que estaban en actividad durante la vigilia, y entran en actividad otras que durante la vigilia estaban inhibidas.

El sueño, esa actividad involuntaria del ser humano, se manifiesta en forma de imágenes visuales que necesitan de una técnica para su interpretación. En el niño, no hay todavía una deformación de la realidad; sueña las cosas tal cual las desea.

El sujeto sueña. ¿De qué vivencias se compone el sueño?. Pues de las vivencias de la vida cotidiana. Pero ¿Por qué tal o cual vivencia se introdujo en el sueño y no otra? ¿Por qué tal deformación y no otra? Es lo que trata de explicar la teoría interpretativa de los sueños, expuesta y completada desde Freud hasta nuestros días. Según Jung, los sueños se expresan siempre en el lenguaje metafórico de las parábolas, por lo que no debiera sorprendernos que el lenguaje de nuestros sueños sea una reliquia arcaica.

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