El poder de la amistad

Un día, cuando era estudiante de preparatoria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Roberto. Iba cargando todos sus libros y pensé: “Por que se estará llevando a su casa todos esos libros en viernes?” Debe ser un “nerd”. Yo ya tenía planes para todo el fin de semana. Fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.

Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia el. Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le dieron una zancadilla que lo tiro al suelo.
Vi que sus gafas volaron y cayendo al suelo como a 3 metros de el. Miro hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia el mientras gateaba buscando sus gafas. Vi lágrimas en sus ojos…

Le acerque las gafas a sus manos y le dije: “esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto”. Me miro y me dijo: “Gracias!”. Había una gran sonrisa en su cara, una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud.

Le ayude con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunte porque no le había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.

Caminamos hasta casa. Le ayude con sus libros; parecía un bien chico. Le pregunte si quería jugar fútbol el sábado conmigo y mis amigos, y el acepto.

Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras mas conocía a Roberto, mejor nos caía tanto a mí como a mis amigos. Llego el lunes por la mañana y ahí estaba Roberto con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me pare y le dije: “Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días”. Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.

Durante los siguientes 3 años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la preparatoria, Roberto decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke. Sabía que siempre seriamos amigos, que la distancia no seria un problema. El estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llego el gran día de la graduación. El preparo el discurso. Yo estaba feliz de no ser el que tenia que hablar. Roberto se veía realmente bien. Era una de esas personas que se había encontrado a si mismo durante la preparatoria, había mejorado en todos sus aspectos, se veía bien con sus gafas. Tenía mas citas con chicas que yo y todas lo adoraban. Algunas veces hasta me sentía celoso…hoy era uno de esos días. Pude ver que el estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije: “vas a estar genial amigo”. Me miro con una mirada llena de agradecimiento y me sonrió diciendo gracias. Limpio su garganta y comenzó su discurso:

“La graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquellos que no han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, maestros, hermanos, quizá algún entrenador…pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia”.

Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del día que nos conocimos. Aquel fin de semana el tenia planeado suicidarse. Hablo de como limpio su armario y porque llevaba todos sus libros con el: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.

“Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvo de hacer algo irremediable”.
Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:

“Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de la otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera”.

“Los amigos son angeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar”.

Hay personas que se dedican a iluminar las vidas de otros con su alegría, y su cariño, y a veces eso vale mucho. También tu lo puedes hacer…

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