Chikabán: Entrada a la memoria de los Dioses

Chickabán, según el Ah-Men Bartolomé Poot Nahuat, significa “Entrada a la memoria de los Dioses”; y es una festividad que los mayas instituyeron en recuerdo de la estancia y obra en tierras mayas de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, quien llegó a Uxmal por el poniente en el año 987 D.C., fue recibido con honores por el Rey Ulil, quien le dio el título de “Precioso pájaro azul del cielo”, curó a los enfermos, fundó Mayapán, estableció allí un sistema de gobierno republicano, y cuando partió hacia Cholula, los cultos mayas de aquella época, ya no lo consideraban un hombre, sino un Dios, a quien llamaron “Ku kul can”, que significa, según José Díaz Bolio, “Esencia divina descendente del cielo”.

Cuenta Fray Diego de Landa, en su libro “Relación de las cosas de Yucatán”, que esta festividad a la caída de Mayapán, se celebraba en Maní Yucatán, y daba inicio el día 16 del mes Xul, que es el sexto mes del calendario solar Haab, mes de 20 días, que corren del 3 al 22 de noviembre, y como estos 20 días se contabilizan del cero al 19, se corresponde con el día 19 de noviembre del calendario Gregoriano.


La ceremonia transcurrió tranquilamente, dando inicio con una caminata ritual alrededor de los monumentos arqueológicos del parque Xoclán, lugar donde por segundo año consecutivo se llevo acabo esta ceremonia. Más tarde se hicieron los preparativos concernientes al encendido del fuego sagrado, preparando el área, haciendo los saludos y llamados correspondientes y entregando las ofrendas llevadas.

Se procedió al encendido del fuego sagrado, el cual tiene que ser realizado por cuatro hombres debido a los elementos y polaridades correspondientes al masculino y femenino y después de prendido cada uno de los presentes ofrendó una vela al fuego pidiendo por algún deseo particular.

La noche continuo con cantos y música realizada por los presentes, diversas oraciones y sobre todo una observación y meditación profunda del Fuego que iluminaba la noche, revelando sus profundos misterios al ser observado.

Sin duda una hermosa tradición que esta siendo rescatada por los amantes de nuestras raíces culturales en México.

Muchas Gracias al sacerdote maya Yaxkin por su amable invitación, al ingeniero Manuel Rosado quien fue el amoroso y dedicado organizador y anfitrión de esta sagrada ceremonia, al Ah-Men Don Asterio quien sabiamente nos dirigió, y a todos y cada uno de los presentes ese día por compartir este sagrado momento de unión entre el Cielo y la Tierra.


In Lak´ech

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