¿Quien es Dios?

Un día, un niño quiso saber quien era Dios, así que fue a preguntarle al sacerdote de su tribu, pero éste no pudo darle una respuesta satisfactoria.

Apenado el niño, por no encontrar una verdadera respuesta, decidió ir a recorrer el mundo para encontrar la verdad.

Dejando atrás su pequeña aldea, se fue, muy decidido a no volver hasta encontrar lo que andaba buscando.

Recorrió muchos lugares, valles y desiertos, tuvo que afrontar diversos peligros, y se encontró con mucha gente culta, pero nadie sabía con certeza cómo responder a la pregunta: "¿tú sabes quién es Dios?"

Un día llegó a los pies de una montaña, azul como el mar, y en donde vivía un viejo y sabio ermitaño.

Agotado por su búsqueda sin respuesta, el niño que ahora era un joven alto y fornido; decidió hacer un último intento y le preguntó al sabio: "¿tú sabes quién es Dios?" a lo que el sabio le respondió:" Dios es esa energía vital de la cual todos nacemos, Dios es esa fuerza de amor y felicidad que ríe junto a nosotros. Dios es ese espíritu de rocío que llora al lado nuestro cuando nos sentimos más desolados. Algunos piensan que es quien nos ilumina y nos permite conocernos a nosotros mismos a través del yoga o la meditación; otros creen que es un padre creador, que nos quiere y nos ama como a sus hijos regalones; y hay quienes están convencidos que Dios es un juez implacable, y que necesitan complacerlo, para que no vaya a caer el peso de su yugo.

La verdad es que para descubrir quien es Dios, tienes que escuchar la voz de tu corazón, ya que Dios vive en lo más hondo de nuestro ser, y a cada uno se nos presenta de una forma única e íntima, por lo que solamente tú puedes descubrir quien es Dios".

Feliz el joven, por que finalmente encontró la respuesta que andaba buscando, dio gracias al ermitaño y volvió a su aldea, sabiendo quien era Dios, y que cuando lo necesitara, solo tenía que buscar dentro de sí, y ponerse en contacto con lo más íntimo de su ser.
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El Calor del Sol

Todos los días al despertar
siento el abrazo de su mirar.
Esta es la vida - ¡hay que vivir!-
Dice contento con su reir.

Nunca te fallo, aunque lo niegues
estoy ahí para que esperes
cómo mi dulce rayo de sol
lleva consigo todo mi amor.

Es la energía que necesitas
en cada paso que depositas.
Es la ternura, es la emoción
que te traduzco con mi canción.

Es la mañana que tanto esperas
para saber qué existe afuera.
Es la tarde en el ocaso
que te recuerda que diste un paso.

Es esa fuerza que lleva vida
y que tranporta toda energía.
Es ese dulce calor del sol,
que hoy te ha enviado nuestro Creador.



Desconozco su autor...
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Breves Esotéricas: Logra Visualizar

Alguna vez has tenido problema logrando crear una imagen para una meditación?
Te cuesta trabajo mantener las imágenes que visualizas en tus ejercicios?


La posición de tus ojos puede ofrecerte una ayuda en la creación y mantenimiento de una imagen al momento de hacer ejercicios que se valgan de la técnica de visualización (chakras, visualización creativa, rayos metafísicos...)

Si la imagen que requieres visualizar es algo que ya conoces, un lugar donde ya has estado, una persona que conociste anteriormente, o cualquier otra cosa que en un pasado ya viste personalmente o a través de cualquier medio grafico, solo necesitas acceso a ella por medio de tu memoria, coloca tus ojos mirando hacia arriba y a la izquierda, esto ayudará a tu cerebro a recuperar dicha información más fácilmente.

En cambio, si la imagen es algo totalmente nuevo, algo imaginado y que necesitamos crear o inventar por nosotros mismos en base a una descripción o libremente, coloca tus ojos mirando hacia arriba y a la derecha.

Para ambas posiciones no importa si tus parpados están abiertos o cerrados, funcionará de igual manera. Estos movimientos oculares se invertirán en caso de que seas zurdo.
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Pesimistas y Optimistas

Se puede decir que existen dos tipos de personas en el mundo, los pesimistas y los optimistas. Ambos grupos tienen razón desde su particular punto de vista, la diferencia estriba en que el pesimista poco a poco se va dañando a sí mismo, al envenenarse mentalmente con sus pensamientos nocivos y destructivos, por el contrario, el optimista se fortalece y vitaliza con sus ideas positivas y benéficas.

En cuanto al optimismo debemos aprender a encontrar un equilibrio sano, para no caer en el error de desconocer la realidad con sus pares de opuestos; los cuales casi siempre encontramos en nuestra vida diaria.

El optimista equilibrado es una persona centrada en la realidad, pero con un sentido positivo de todo cuanto acontece en la existencia. Son seres más felices, agradables y positivos en su relación con sus semejantes.

El pesimista sólo percibe los errores, las carencias, las fallas, todo aquello que de alguna manera u otra no está funcionando de una forma adecuada, se queja de todo, critica y juzga a veces muy negativamente a quienes conoce, sobre todo sufre innecesariamente, puesto que al ver la vida desde esta perspectiva, sus percepciones están como bloqueadas, impidiéndole disfrutar de todo lo bueno y hermoso que pueda existir en su propia vida y en la de los demás.

El pesimista disfruta menos de la vida, vive más enfermo, fracasa más seguido, tiene más problemas en su trabajo o en sus estudios, sufre más, tiene menos amigos, su vida afectiva está disminuida o distorsionada, sus pensamientos no son claros ni precisos, su voluntad es débil.

Un día los pesimistas decidieron realizar una convención, desde luego que fue un fracaso, nadie asistió, porque todos pensaron que no iba a resultar...

Así funciona el pesimismo, se está derrotado antes de comenzar a intentarlo.

Por todo lo anterior es mucho mejor ser optimistas equilibrados, no es difícil formar parte de los optimistas, lo primero que se requiere es el deseo de pertenecer a este grupo, y en segundo lugar comenzar a pensar, sentir y actuar de una manera positiva.

Eso es todo... ¡Inténtalo!


Extraído del libro "Aprende a ser feliz controlando tus emociones"
Autor: Rolando Leal
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Frases para pensar...

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Khalil Gibran
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Debéis ser como niños... (Parte 2)


Volver a ser niño en un viejo cine del Centro

Juan Rodrigo y yo emergimos de las "Torres de El Silencio". Hacia la quinta década del siglo XX, aquellas torres gemelas habían sido símbolo de progreso y modernidad de la pujante ciudad de Caracas. Medio siglo después, exhibían esperpénticos signos de decadencia y abandono –pese a ser sede de importantes instituciones de mi nación.

Salimos a la inmensa Plaza Caracas; por aquellos días, era imposible transitarla libremente; ese espacio público que antaño se usara para conciertos, mítines políticos, o simplemente, para el disfrute ciudadano, se había convertido en un tortuoso y abigarrado laberinto: en él, cundían cientos y cientos de maltrechos tarantines donde se expendían la más disímiles mercaderías –desde películas pornográficas y ropa de contrabando hasta comida chatarra, fuegos artificiales y sustancias de consumo ilegal. Diariamente, al llegar o salir de mi trabajo, yo atravesaba ese hediento dédalo, en el que adultos y niños pernoctaban, comían y hacían sus necesidades.
Huyendo de tal caos, caminé con mi hijo en dirección norte, hacia el Centro histórico de la ciudad; después de diez minutos, llegamos a las inmediaciones de la Asamblea Nacional. Frente a la regia sede del Poder Legislativo se hallaba el Teatro Ayacucho, la sala de cine más antigua de Caracas; ese añejo santuario del séptimo arte había funcionado ininterrumpidamente desde 1925, año en que había sido inaugurado por el entonces presidente de la República, general Juan Vicente Gómez.

De pronto, me di cuenta de tres cosas: a) nunca había visto una película allí; b) exhibían "Madagascar" en funciones continuadas; c) comparado con los cines que yo solía frecuentar en el Este, sus precios eran muy económicos. Conclusión: compré dos entradas para ver la película; minutos después, en la amena oscuridad de la sala –mientras mi hijo y yo bebíamos gaseosas y devorábamos palomitas de maíz- me divertía pensar en mis colegas directores… ¡de seguro se desgañitarían hasta altas horas de la noche, enzarzados en inútiles diatribas!
Tras veinte minutos de publicidad y anticipos cinematográficos, "Madagascar" estaba a punto de comenzar. Con el estómago lleno de chocolate, rosetas saladas y colas negras (y sin mortificarme por las dudosas cualidades nutritivas de tales alimentos), me distendí sobre la silla, me relajé completamente y entré en una suerte de estado de gracia. Abrazado a mi hijo, yo era un infante más en esa sala llena de niños.
Y entonces (¡luz, cámara, acción!), empezó dentro mí la verdadera película de mi vida...

Cine espiritual al estilo "Dreamworks"
Uno de los hallazgos artísticos más importantes de la primera década del siglo XXI ha sido la consolidación de un género fílmico que –a falta de mejor nombre- suele ser denominado "cine espiritual".

Títulos como "¿Y tú que sabes?", "Uno", "El Guerrero Pacífico", "El Secreto", "Zeitgeist", "La Evolución Índigo", "Arjuna", "Conversaciones con Dios", entre muchos otros, han ido perfilando una tendencia planetaria: más y más personas despiertan a imagen y semejanza del Amor Divino, lo cual se traduce en un mayor consumo de productos audiovisuales de temática espiritual.
En los últimos años, he sido testigo del benigno efecto que esas películas han tenido en amigos, conocidos y, por supuesto, en mí mismo. Ajenas a los circuitos comerciales de cine, y con la única promoción del "boca a boca", tales films son copiados y distribuidos con avidez por personas que incursionan en la sagrada aventura del auto-conocimiento.
Esta tendencia ha impregnado, incluso, a películas realizadas por los grandes estudios de Hollywood: tal es el caso de "Madagascar", cinta producida por la compañía "Dreamworks".

De tal suerte, allí estaba yo, con mi hijo, en un antiguo cine caraqueño, contemplando ese film.
Veíamos a Marty, la Cebra, corriendo en cámara lenta a través de una Jungla idealizada, idílicamente pacífica, con una expresión de indescriptible felicidad en el rostro. Más que Jungla, aquello parecía el Cielo. Con largas zancadas e ingrávidos saltos –al son de una música angelical- Marty salvaba abismos, altiplanos, montañas, acompañado de una bandada de etéreos pingüinos volantes.
Aquello parecía un sueño.
Y lo era, porque, de pronto, Alex el León, el mejor amigo de Marty, lo despertó de su fantasía. "¡Feliz cumpleaños!" gritó el felino, despabilando a la Cebra.

En realidad, Marty trotaba sobre una cinta de ejercicios en el Zoológico de Nueva York. "¡No me interrumpas cuando sueño despierto" dijo la Cebra a Alex. "¡Aquí te traigo un regalo! ¿Por qué te molestas, Marty?", preguntó extrañado el León. Replicó la Cebra: "Ah, es que los años pasan y yo sigo haciendo lo mismo de siempre. Alex, ¿no te incomoda no saber absolutamente nada de la vida fuera del Zoológico? Mírame, amigo, tengo diez años; estoy a la mitad del camino y ni siquiera sé si soy blanco con rayas negras o negro con rayas blancas…".

Despatarrado en mi silla del Ayacucho, encontré en ese diálogo una clara alusión a la "Divina Comedia" del Dante, cuya primera línea reza: "A la mitad del camino de mi vida, me encontré caminando en una selva oscura" (símbolo de confusión espiritual). De repente, reparé en algo aún más inquietante: salvando las distancias, a mis treinta y tantos años, mi vida era igualita a la del Dante y a la de Marty la Cebra: estaba a mitad de camino, encerrado en el triste Zoológico de mi rutina vital, anhelando un Cielo que sólo veía en sueños y sin terminar de conocerme a mí mismo.

La película continuaba. Más tarde, en su jardín, Marty se encontraba con unos pingüinos que cavaban un túnel para escapar del Zoológico. "¿Estamos en la Antártida?", preguntaron las aves a la Cebra. Respondió Marty: "No, estamos en Nueva York. ¿Y qué se supone que están haciendo ustedes?". Explicó el jefe de los pingüinos: "Hoy saldremos de este chiquero. ¿Acaso has visto pingüinos correr libres por las calles de Nueva York? ¡No, claro que no! ¡No pertenecemos a aquí! ¡Nada de esto es natural! Todo esto es como una especie de conspiración. Iremos a los espacios abiertos de la Antártida. ¡A la Jungla!".

"¿A la Jungla?" –preguntó asombrada la Cebra, recordando su ensoñación matinal- "Entonces, ¿eso se puede? ¡Yo también deseo ir a la Jungla! ¡Volver a la Naturaleza! ¡Volver a mis raíces!".
Mientras engullía palomitas –y me sentía cada vez más afligido por verme reflejado en los personajes de la película- me decía a mí mismo: "Yo también quiero salir de mi chiquero. De mi chiquero laboral, de mi chiquero mental, de mi chiquero espiritual. ¡Yo también quiero descubrir mi verdadera Naturaleza, volver a mis raíces, encontrar mi propio Cielo! Pero, según veo, antes tengo que salir de mi particular Zoológico, de esta "matrix" irreal en la que transcurren mis días".

Más tarde, en plena fiesta de cumpleaños, los amigos de Marty le exhortaban a pedir un deseo antes de soplar las velas de su torta. Tras apagarlas, le instaron a revelar su petición; sin dudar, respondió Marty: "¡Ir a la Jungla!". Alarmados, sus amigos reputaron aquel deseo como símbolo de mala suerte. Acto seguido, intentaron acobardar a la Cebra, pintándole los infinitos peligros de la selva. "¿Crees que encontrarás esto en la Jungla?", inquirió a voz en grito Alex el León, mientras le mostraba a su mejor amigo un grueso filete de carne. A lo que contestó Marty: "Alex, ¿nunca has pensado que la vida puede ser algo más que un filete?".
Entonces –qué triste- reparé yo mismo en mi magro filete: mi cargo y sueldo en aquella decadente institución para la cual laboraba.

Resumo el resto de las peripecias vividas por los amigos: al igual que en la Commedia de Dante, en algún momento escaparon del Zoológico (infierno), vivieron estrafalarias aventuras y, de uno u otro modo, se las arreglaron para llegar a la selva. Al principio, esta jungla (con minúscula) no era el Cielo ensoñado por Marty: equivalía más bien al limbo; apocados por su largo confinamiento, los personajes aún desconocían sus verdaderas aptitudes, sus vastos tesoros internos; de hecho, todo el tiempo anhelaban la llegada de "las personas", a fin de que solventasen sus problemas y necesidades.

Muchos actuamos de idéntico modo: nos habituamos a ceder nuestro "poder personal" a terceros (parejas, amigos, parientes, jefes, prelados, gurúes, políticos) porque aún no descubrimos nuestra propia Naturaleza, porque aún no trabajamos esos dones internos que, una vez desarrollados, nos llevan a conocer nuestra verdadera faz –idéntica a la del Padre.

Está escrito: "los milagros son naturales, pero antes se requiere una purificación". En tal sentido, la selva sirvió de purgatorio para que los amigos se depuraran de los miedos adquiridos en cautiverio. Al librarse de tales lastres, despertaron a su verdadera naturaleza: el león en su ferocidad; la cebra en su rapidez y astucia; la hipopótamo en su fuerza y gracia; la jirafa en su salud. La jungla se tornó Jungla –ameno Cielo- cuando se conocieron a sí mismos.
Amorosamente conducido por mi hijo, había ido a ver un film infantil –una típica salida de sábado por la tarde; no obstante, aquella película había incidido en mí de una manera imprevista… ¡como un potente catalizador espiritual!

En el instante presente (el único momento adecuado que existe), Juan Rodrigo había llevado a su papá al sitio ideal para despertarlo de su miedo a correr riesgos y a vivir con coraje.
Relato los efectos posteriores de esta experiencia: el lunes llegué con mi carta de renuncia; tras culminar un mes de pre-aviso laboral, tomé buena parte de mis ahorros y me encerré durante quince días en un exclusivo "spa" de la Colonia Tovar, bella y montañosa ciudad del Centro de Venezuela (fundada en el siglo XIX por afanosos inmigrantes alemanes). Allí me consentí con toda suerte de tratamientos naturales y sabrosos platos vegetarianos preparados al estilo guyanés.

Regresé al hogar a mitad de octubre, con poco dinero en el banco, una familia que mantener y ninguna expectativa laboral en mente.
Y sin embargo, rebosaba de confianza, optimismo... ¡la alegría de alguien que –por fin- ha salido de su vetusto Zoológico!

De cómo mi hijo me condujo a la Jungla de Marty
A principios de noviembre sucedió un milagro: me pagaron todos los dineros que me tocaban por Ley, incluyendo vacaciones atrasadas, fondo de ahorro, fideicomiso y bonificación de fin de año. Digo milagro, porque en tal institución era práctica habitual pagarle su dinero a renunciantes y cesanteados un año después (o más) del fin de la relación laboral. ¡Lo mío había tardado apenas treinta días!

Podía darme el lujo de vagabundear un par de meses y hacer con tranquilidad mis compras navideñas. Mentalmente, postergué la búsqueda de empleo para enero de 2006; así las cosas, no me preocupé por concertar entrevistas laborales, llamar a amigos influyentes que supieran de vacantes o introducir currículos en empresas.

Aproveché al máximo mi inusual tiempo libre y salí mucho con mi hijo Juan Rodrigo aquellos días finales de 2005. Asimilé su espontaneidad, su sentido del humor, su sempiterna alegría y su incontaminada capacidad para recibir las cosas buenas de la vida con los abrazos abiertos...
Cuando andamos con niños y despertamos a su imagen y semejanza, nuestros acartonados planes de adultos suelen cambiar de manera súbita; cuando asimilamos su percepción inocente –libre de culpas y miedos- cuando no tratamos de imponerles a sangre y fuego nuestras neuróticas creencias sobre el funcionamiento del mundo, los milagros comienzan a llegar… De tal manera que lo que sucedió el martes 6 de diciembre de 2005 fue de lo más natural.

Ese día, debía buscar un teléfono celular que había mandado a reparar en una tienda electrónica ubicada en el Centro Plaza de la Urbanización La Floresta. Tomé el Metro y me bajé con mi hijo en la estación Altamira… sólo que en vez de emerger por la salida que da al Centro Plaza, lo hice por aquella que da a la acera de enfrente.
Sí, lo sé: soy un poco despistado y para mí es cotidiano confundir "izquierdas" con "derechas". Pero en tal ocasión –y gracias a que escuché a mi hijo- aquel despiste me valió un Cielo.
"¡Papá, papá! ¡Vamos a los jardines!". Mi primer impulso habría sido cruzar la calle y caminar hacia el Centro Plaza, pero –gracias a Dios- me detuve. "¡Anda, papá, vamos a los jardines!", insistió Juan Rodrigo, halándome de la mano. En lugar de resistirme y cambiar de dirección, me dejé conducir –una vez más- por mi pequeño maestro, por mi sabio lazarillo.

Entramos a los vastos jardines de la Hacienda La Floresta, cuya casona del siglo XVII fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1990. En sus instalaciones, funcionaba una de las principales instituciones culturales de la Gran Caracas. Mi esposa solía llevar allí a nuestro hijo los fines de semana para que disfrutara de conciertos de música venezolana y obras de teatro infantil… ¡mientras yo consumía muchos sábados y domingos en mi depauperada oficina de Plaza Caracas!

Desandamos las antiguas caminerías de piedra: sus viejas lajas atesoraban siglos de historia; flanqueados por calas blancas y rojas, cayenas, platanillos, aves del paraíso y begonias nos internamos en aquellos paradisíacos espacios. Bajo la sombra de centenarios samanes y mijaos, algunas personas leían sobre la hierba; el gorjeo de canarios y azulejos matizaba el plácido silencio matinal.

En cámara lenta, de la mano de Juan Rodrigo... ¡disfrutaba de aquella ensoñación celestial! Me parecía tener una visión similar a la de Marty, la cebra de "Madagascar". En el pasado, había visitado un par de veces aquellos jardines… ¡pero nunca me había dado cuenta de lo hermosos que eran!

Mentalmente, contrasté aquel oasis urbano con las caóticas inmediaciones de la Plaza Caracas, donde había trabajado los últimos años de mi vida… en verdad, colocados uno al lado del otro, eran Cielo e Infierno…

Entonces, una idea descabellada cruzó mi mente: ¿sería posible que necesitaran un periodista para trabajar en aquel deleitable lugar?
Pensé: "Oh no, es demasiado bueno para que sea verdad. O, después de todo… ¿podría ser?".
En realidad, nada perdía con preguntar.
Me dirigí a la Dirección de Relaciones Públicas. Muy amablemente, me atendió la Coordinadora de Prensa. Pregunté si había alguna vacante para periodista. "Oh, sí", dijo ella, "justo en este momento estamos buscando a alguien". "¿Podría entregar mi síntesis curricular esta tarde?", inquirí esperanzado. "¡Por supuesto! Trabajamos hasta la cinco", me respondió mi futura jefa.
En la tarde de aquel martes, entregué el currículo con sus soportes.
Dos días después, me llamaron para una entrevista.
El viernes ya estaba trabajando en uno de los lugares más hermosos y prestigiados de la Gran Caracas.
El sábado me tocó hacer mi primera cobertura periodística de un concierto. ¡Un trabajo sumamente agradable!
Tras culminar el evento, mi hijo me preguntó: "Papá, ¿me llevas a comer helado?".
"¿De qué lo quieres, hijo?".
"De chocolate, Papá".
Lo miré embelesado, con infinito cariño.

Dicen que cuando el alumno está preparado, es inevitable que aparezca el maestro; yo tenía al mío justo frente a mí… ¡y medía casi un metro de altura!
Como un chiquillo, me fui a comer un cono de chocolate con Juan Rodrigo.
Porque, tal como dice Jesús de Nazareth, "debéis ser como niños para entrar al Reino de los Cielos".

Compartido por Carmelo Urso
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Debéis ser como niños... (Parte 1)

Septiembre de 2005: trabajaba como Director de Relaciones Públicas en una institución de mi país, Venezuela. Era un día sábado… ¡un sábado de trabajo y estrés, no de reposo y descanso familiar! Durante los últimos dos años, la situación se había repetido con frecuencia: laborar los fines de semana se había vuelto para mí una insana costumbre. Al tener un cargo de confianza, debía acudir a mi trabajo cuando se me requiriese… ¡vale decir, a casi cualquier hora o día!
Eran las dos de la tarde. Jugaba solitario en la computadora; esperaba una llamada telefónica: de hecho, llevaba horas aguardándola.
Acostado sobre dos incómodas sillas (no había mejor lecho en la oficina), mi hijo Juan Rodrigo Urso –de tres años y medio de edad- dormía como podía su siesta.

La situación era calamitosa, digna de una obra de teatro del absurdo. Se me había asignado producir una gigantografía, una de esas descomunales vallas que suelen colocarse como fondo de escenario en grandes conciertos y concentraciones públicas.
El diseño de la gigantografía estaba listo desde el lejano día lunes. No obstante, una serie de indecisiones de la alta gerencia había postergado su impresión. El obstáculo, por así decirlo, era el eslogan que llevaría escrito la súper-valla.
Cada día, por una u otra circunstancia, el proceso se había detenido abruptamente en el último momento. El lunes, cuando estaba a punto de dar el sí definitivo a la imprenta, el vice-director me llamó alarmado: "Carmelo, ¡detén la impresión de la gigantografía! ¡La directora general quiere cambiar el eslogan!
El martes en la tarde me informaron: "La directora general decidió cambiar el lema. Ya no usaremos 'Poder Comunal' sino 'Poder Comunitario'". Sin embargo, ese día, cuando estaba a punto de ordenar la impresión de la valla, recibí nuevamente la instrucción de detenerla.
El miércoles, el eslogan cambió de "Poder Comunitario" a "Poder de la Comunidad"… pero al final de la tarde, se me instruyó –una vez más- parar el trabajo.
El jueves cambiamos de "Poder de la Comunidad" a "Poder del Pueblo": igual no imprimimos; el viernes, se pensó en "Poder de la Gente" y "Poder del Trabajo Comunal": tampoco mandamos el arte a imprenta.

Llegó el infausto sábado. El añoso aire acondicionado de mi oficina emitía un constante y asmático bramido. Llamé al vice-director. Le dije: "Hermano, si no mandamos a imprimir la gigantografía, no va a estar lista para el evento del lunes. ¡Es ya o ya!".
Un cuarto de hora después, recibí respuesta: "Carmelo, la directora general ya decidió: 'Poder Comunal'. ¡Apúrate porque es urgente! Ah, ella acaba de convocar a una reunión extraordinaria para las 3 y media. ¡Te esperamos!"
Indiqué al diseñador gráfico el "cambio" ordenado por la alta funcionaria. Reímos por no llorar. Hambriento y cansado, el diseñador se marchó a casa. Con un motorizado, envié el arte a imprenta: pagaríamos una exorbitante cantidad de dinero por imprimir el sábado y domingo un trabajo que muy bien se podría haber hecho –sin dislates ni apuros- durante la semana regular de trabajo.
Faltaban diez minutos para las tres de la tarde. Mi hijo seguía durmiendo sobre aquellas vetustas sillas.

De pronto, sentí una inmensa indignación contra mí mismo: ¿por qué en vez de estar paseando aquel sábado con mi esposa y mi hijo Juan Rodrigo había desperdiciado mi tiempo en espera de aquel insustancial eslogan, vegetando en aquella oficina de paredes descascaradas y ruinosos tabiques de fórmica?

En realidad, para ser honestos, la situación de aquel día no era excepcional: eventos absurdos como ése –dignos de una alocada pieza de Samuel Beckett o Eugene Ionesco- se habían repetido una y otra vez en los últimos dos años de mi vida, tiempo en el que había laborado para esa institución…

De repente, experimenté un súbito instante de comprensión, lo que los japoneses llaman "satori": desde el fondo de mi alma, entendía que yo era el único responsable por vivenciar aquellos eventos insensatos. Por ceder mi "poder personal" a gente que no parecía estar cuerda. Por entregar mi valioso tiempo de descanso y lo mejor de mi talento a personas que no obraban con lucidez… ¡de tal suerte, resultaba yo estar tan demente como ellos, pues vibraba al son de su misma energía!

Con un plácido bostezo, mi hijo Juan Rodrigo despertó. Apenas cobró conciencia, preguntó: "Papá, ¿ya nos vamos?". Dubitativamente le respondí: "No sé, hijo, parece que tengo una reunión". La experiencia no iba ser nueva para él. De hecho, a varios directores y directoras nos había tocado acudir a esas reuniones "extraordinarias" con nuestros hijos e hijas, de manera que tales encuentros se convertían en una patética mezcla de amateurismo gerencial e improvisado salón de "kinder-garten".

Mi hijo protestó con vehemencia: "Papá, ¡tú me prometiste que íbamos al cine!". No sabía qué responderle. En realidad, él tenía razón. No me pedía que lo llevara de viaje a una lejana isla del Pacífico o que le comprara un auto de medio millón de dólares; lo que exigía era del todo razonable: una sesión sabatina de cine con papá. ¿Y yo no era capaz de satisfacer tan simple requerimiento?
Pensé: "¡Aaah!, ¡la verdad es que no estoy haciendo las cosas muy bien…!".
En un instante santo, reparé en que mi hijo de tres años y medio estaba bastante más cuerdo que yo… y, definitivamente, ¡yo necesitaba ser guiado –con urgencia- por alguien dotado de cordura!

Todo me importó un cuerno: reunión de directores, gigantografía, súper-evento del lunes…
Aún algo inseguro, pregunté: "Hijo, ¿qué película quieres ver?". Enfáticamente respondió: "¡Madagascar!".
Le tomé de la mano… o más bien, él me la tomó a mí. Con silenciosa autoridad, me condujo a la puerta de salida.

Y así, capitaneado por mi hijo, dejé atrás aquella destartalada oficina para embarcarme en una experiencia que iba a cambiar mi vida...


Compartido por Carmelo Urso
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Tiempo Vivido

Un día, el buscador sintió que debería ir a la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de si mismo, de modo que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó a lo lejos la ciudad de Kammir.

Un poco antes de llegar al pueblo una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores bellas. La rodeaba por completo una especie de valla de madera lustrada... Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y caminó lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción: "Aquí yace Abdul Tareg vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla y decía: "Aquí yace Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblemente abatido.

Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años. Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, ningún familiar- dijo el buscador.
¿Qué pasa con este pueblo?
¿Qué cosa terrible hay en esta ciudad?
¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?
¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente?
¿Qué los ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano respondió: Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...
Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, que fue lo disfrutado... a la derecha, cuanto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media? Y después... la emoción del primer beso, el placer maravilloso de la primera noche, ¿cuanto duró el minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el casamiento de sus amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con quien vuelve de un país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de esas sensaciones? ¿Horas? ¿Días? ...así...vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos.

Cuando alguien muere es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo
VIVIDO.

Autor: Jorge Bucay
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Lunas de Noviembre

La observación y sincronización con las energías que nos rodean nos permiten aprovecharlas para lograr incrementar nuestro poder, enseñándonos los mejores momentos para la realización de ciertas actividades o para ayudarnos a lograr metas más fluidamente.

Es importante mirar directamente a la naturaleza y lo que busca decirnos en sus diversas expresiones, como en el caso de la luna, esa maravilla que embellece nuestro cielo y que a través de un recorrido de 28 días nos otorga mágicas fuerzas con las que podemos trabajar.
Ciclo Lunar de Noviembre 2008

Luna Creciente Día 5 a las 23:03 horas
Luna Llena Día 13 a la 1:17 horas
Luna Menguante Día 19 a las 16:31 horas
Luna Nueva Día 27 a las 11:55 horas


Esta próxima luna nueva intenta realizar la dinámica del cheque de la abundancia, además de divertido es muy efectivo!!!
Como hacer un cheque de la abundancia?
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Ejercicio para percibir energías externas

Sientate o parate frente a una planta o árbol. Las plantas con flores parecen tener mejores resultados, en caso necesario pueden usarse flores cortadas, siendo esta la ultima opcion.

Respira profundo unos momentos y despeja tus pensamientos. Coloca tu palma receptiva (Izquierda. Derecha si eres zurdo.) a unos pocos centímetros de la planta. Dirige tu conciencia a la palma de tu mano...¿Sientes una vibración suave, un zumbido, una onda de calor o simplemente un cambio de energía en la palma de tu mano?, ¿Sientes la fuerza interna de la planta? bien, acabas de sentir la energía.

Despues de que lo hayas logrado, trata de sentir la energía de piedras y cristales. Por ejemplo: coloca un cristal de cuarzo en una mesa y pasa la mano receptiva sobre el. Siente las energías no visibles pero vitales que pulsan dentro de el.
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Frases para pensar...

“Las posibilidades del ser humano son enormes. Vosotros no podéis siquiera concebir la sombra de lo que el ser humano es capaz de alcanzar. Pero nada puede ser alcanzado en el sueño. En el estado de Conciencia de un humano dormido, sus ilusiones, sus "sueños" se mezclan con la realidad. Él vive en un mundo subjetivo del cual no puede jamás escaparse. Y es por eso que nunca puede hacer uso de todos los poderes que posee y vive únicamente en una pequeña parte de sí mismo.”


George Ivanovitch Gurdjieff
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¿Quien te condena?

Dos hombres fueron condenados. La sentencia consistía en que en un día determinado, en veinte años, serían torturados lentamente hasta la muerte.

Al escuchar la sentencia, el más joven se retorció de la pena y del dolor, y a partir de ese día, cayó en una profunda depresión.
"¿Para qué vivir?" se preguntaba, "si de todas maneras van a arrebatarme la vida, y de una manera inconcebiblemente terrible!"

Desde ese día nunca fue el mismo. Cuando alguno de sus cercanos, compadecido por su estado, le
ofrecía apoyo para tratar de alegrarlo, respondía rencorosamente diciendo:
- Claro, como tú no tienes que cargar mis penas, todo te parece fácil.
En otras ocasiones también replicaba:
- Tú no sabes lo que sufro, no es posible que me entiendas...

Y, a veces, alegaba en voz alta:- ¿Para qué me esfuerzo? Si de todas formas...
Y así, poco a poco, el hombre se fue encerrando en su amarga soledad y murió mucho antes de que se cumpliera el plazo de los veinte años.

El otro hombre, al escuchar la sentencia, se asustó y se impresionó, sin embargo a los pocos días resolvió que, como sus días estaban contados, los disfrutaría.

Con frecuencia afirmaba:- No voy a anticipar el dolor y el miedo empezando a sufrir desde ahora.

Otras veces decía: - Voy a agradecer con intensidad cada día que me quede.

Y, decidió disfrutar de la gente que lo rodeaba, a su compañero de sentencia solo lo respeto en su visión de vida y se alejo de el, para tener la oportunidad de sembrar en los otros lo mejor de sí.

Cuando alguien le mencionaba su condena, respondía en broma: - Ellos me condenaron, yo no me voy a condenar sufriendo anticipadamente y, por ahora, estoy vivo.
Fue así que, paulatinamente, se convirtió en un hombre sabio y sencillo, conocido por su alegría y su espíritu de servicio.

Tanto, que mucho antes de los veinte años, le fue perdonada su condena.

¿Sabías que el 99% de tus miedos no se realizarán? Cree en tu fuerza, disfruta la libertad de ser feliz.

La verdadera libertad no está en lo que haces, si no en la forma como eliges vivir lo que haces, y sólo a ti te pertenece tal facultad.
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"La Rueda de la Vida" Mandala de Arena

El Domingo pasado tuve oportunidad de asistir a la ceremonia de desmontado del Mandala de arena que durante una semana el Venerable Monje Budista Losang Samten se dio a la tarea de crear en un museo de esta ciudad.
Fue una ceremonia muy hermosa, con cantos tibetanos y vocalización de mantras, dirigida por el venerable Losang Samten quien, esta de más decir, transmitía una paz y luz enorme, antes, durante y despues de que “La Rueda de la Vida” fuera desmontada.
La Rueda de la Vida es una imagen clásica del Budismo Tibetano. Representa los seis reinos de la existencia: el Reino de los Dioses, Semi-Dioses, Humanos, Animales, Fantasmas Deseosos e Infierno. Este mandala representa el interminable ciclo del sufrimiento en el nacimiento, muerte y renacimiento. Este sufrimiento resulta de la existencia de los llamados “Tres Venenos” que son la ira, codicia e ignorancia. Cuando logramos liberarnos de estos 3 venenos, recordando la verdadera naturaleza de toda existencia, es cuando logramos liberarnos del sufrimiento.

Esta pintura es uno de los más importantes mandalas en el Budismo. A través de su arte, Buda mostro las enseñanzas de “Las Cuatro Nobles Verdades”, los doce vínculos de la teoría de la reencarnación y de la causa y efecto. Es así como este mandala ha seguido reproduciéndose a lo largo del tiempo buscando transmitir su enseñanza y como un regalo y medio de meditación para los que llegan a conocerlo.

El Venerable Monje Losang Samten se da a la labor de asistir a diferentes países del mundo y realizar este hermoso mandala; en varias ocasiones incluyendo esta el mandala se realiza con arena, un trabajo laborioso, hermoso, significativo y místico. Los colores utilizados representan los elementos que conforman todo en nuestra naturaleza incluidos nosotros mismos y el hecho de que tan elaborado trabajo sea “deshecho” a su término es una tradición que nos recuerda que todo se transforma, todo tiene un principio y un fin para comenzar algo nuevo y que no debemos apegarnos a las cosas (por muy buenas que sean).
Además como parte de la ceremonia los asistentes pueden tomar un poco de la arena que dio vida al mandala, la cual se considera sagrada, y pueden llevarla consigo a sus hogares, lo cual en el Tíbet es considerado como una bendición. El sobrante de la arena se devuelve a la naturaleza, en esta ocasion los presentes, conducidos por el creador del mandala, nos dirijimos a un cercano río donde despues de un canto y breve meditación, la arena fue depositada terminando así la ceremonia dedicada al desmontaje del mandala, dejandonos con una calma, paz y felicidad que es difícil describir.
Descifrando "La Rueda de la Vida"
Círculo Central
El círculo del centro de la Rueda de la Vida contiene la imagen de 3 animales que simbolizan los 3 venenos, las raíces del sufrimiento. La serpiente representa la ira, el gallo la codicia y el cerdo la ignorancia.

Primer Aro
Alrededor del círculo central observamos áreas obscuras y claras que reflejan los estados que vivimos en el camino espiritual. Como consecuencia de los 3 venenos, algunos se hundirán en el camino del sufrimiento mental (lado oscuro) y otros trabajaran para liberarse de los venenos y encontrar la paz y felicidad (lado iluminado/claro). Este aro también refleja la relación entre las casusas y los efectos.

Aro Central
En este aro se representan los seis “Reinos del Deseo”que reflejan las situaciones de la vida y sus condiciones simbólicas, lo cual resulta de la existencia de los 3 venenos en la vida de todos los seres sensibles. Los reinos no son necesariamente físicos, deben entenderse más bien como estados internos de la mente. Esto significa que por ejemplo en la mañana podemos estar “en el cielo” y en la noche “en el infierno”. Cualquiera puede experimentar los seis reinos en el transcurso de un solo día o de su vida entera.
Reino de los Dioses: es el reino del placer temporal, con sufrimiento causado por la falta de entendimiento, por la temporalidad y deseo de que las cosas duren o sean permanentes. La enseñanza de este reino es que todas las cosas son temporales y que no debemos aferrarnos a las cosas o experiencias, ni negativas ni positivas.

Reino de los Semi-Dioses: reino de los celos y el odio, levantándose desde la ignorancia (desconocimiento de la real naturaleza de la verdad). En este reino se culpa a otros por el sufrimiento y dolor propio. La ensenanza aqui es practicar la paciencia.

Reino Humano: reino del deseo. El ciclo de renacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte. La enseñanza recae en como sobrepasar el sufrimiento humano a través de la práctica de la sabiduría y compasión.

Reino Animal: el reino del miedo. Miedo a ser matado por otros animales o humanos. La enseñanza aquí es como liberarnos a nosotros mismos del sufrimiento a través de la gentileza.

Reino de los Fantasmas Deseosos: reino resultante de la tacañería y mezquindad, donde los deseos nunca son satisfechos. La enseñanza de este reino es practicar la verdadera generosidad, ya que todos los seres vivos son iguales y todos tienen el derecho a vivir en paz.
Infierno: reino del sufrimiento mental y físico, aun más grande que en los otros 5 reinos, el cual es resultado de los tres venenos. La enseñanza en el es que debemos sobrepasar el sufrimiento aprendiendo las consecuencias a través de la Ley de la causa y efecto, recordar que toda experiencia en el resultado de una acción previa.
Aro Externo
En el se muestran los 12 pasos vinculados a nuestro transitar hacia la realización espiritual, es el camino a viajar según la teoría de la reencarnación.
Hombre Ciego: ignorancia, inhabilidad de ver nuestra verdadera naturaleza o realidad.
Alfarero: acción; tal como el alfarero crea cosas a partir de solo barro, cada una de nuestras acciones, pensamientos, palabras y hechos dan como resultado un efecto (Ley del Karma)
Mono: inconsciencia condicionada, el constante dialogo y actividad continua de la mente no entrenada.
Bote: inestabilidad física, intelectual y espiritual en nuestras vidas. Movimiento constante.
Casas con puertas y ventanas: las seis fuentes de conciencia que son: gusto, tacto, olfato, vista, oído y mente conceptual.
Amantes: contacto; deseo y objeto del deseo.
Hombre con ojo atravesado por una flecha: sentimiento; herido por el sentimiento de placer, dolor o indiferencia.
Hombre ciego bebiendo: apego; deseos no realizados causados por la percepción y las emociones.
Persona (o mono) aferrado a un árbol frutal: codicia; cuando un deseo es alcanzado, surgen otros sueños o deseos, y el deseo no cesa.
Mujer embarazada: concepción; resultado del apego.
Mujer dando a luz: renacimiento; empezar una nueva vida.
Hombre Viejo: edad avanzada y muerte.

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Breves Esotéricas: Aplicación Práctica de la Llama Rosa



En nuestra vida cotidiana llega a suceder que algún aparato electrónico, mecánico o similar que necesitamos utilizar, funciona inadecuadamente o simplemente no lo hace. Regularmente nuestra manera de reaccionar ante ello es con enojo, frustración y en repetidas ocasiones la primera muestra de estos sentimientos es arrojar palabras, gestos y actitudes desarmoniosas ante la situación y sobre todo al aparato en cuestión.

Contrariamente a tal reacción podemos aplicar la Llama Rosa, la cual es la llama del Amor. Sustituye esa vieja improductiva costumbre y cuando te encuentres nuevamente en una situación como esta visualiza al aparato “dañado” envuelto en una llama o luz de color rosa, este debe ser de un tono claro, brillante y luminoso, a la vez que invocas a los servidores de esta llama y declaras con fe absoluta que dicho artefacto funciona de manera perfecta y armoniosa. Haciendo esto afirmas la realidad del aparato, recordando su verdad e impregnándolo con amor y energías positivas que harán que este vuelva a funcionar correctamente.
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